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Rafael

Fuera de casa mi mundo transcurría entre la escuela y la casa de Rafael.
La casa se alzaba en lo alto de una calle empinada en la que abundaban cables pegados a los postes de electricidad. En aquel entonces era del color del cemento, un tanto lúgubre para ser un sitio importante en la zona donde vivíamos.
Dentro, su luz era tenue y tampoco ayudaba el clima de mi ciudad natal puesto que vivíamos en un eterno otoño.
Rafael nos recibía sentado en su sofá color marrón, con el ceño fruncido y periódico en mano ... daba la sensación que siempre estaba inmerso en las noticias pero creo yo que estaba al tanto de todo.
Su forma de saludarnos era haciendo un ademán con la mano, sin levantar siquiera la vista. Posiblemente nuestra presencia allí era molesta o al menos le hacía sentir incomodo.
Posteriormente nos sentábamos en el suelo y nuestra tarde transcurría entre cuentos y fábulas que nos leía nuestra maestra.
Yo era muy observadora, me gustaba conocer el lugar donde estaba y sobre todo saber donde estaba la puerta de salida por si un día tenía que escapar corriendo.
La casa estaba llena de estanterías repletas de libros viejos. Había un piano de madera antiguo sobre el cual descansaban unas partituras en la misma página. Al otro lado justo a la derecha de donde él estaba sentado, había un gramófono precioso, su caja parecía esculpida a mano y arriba de ella una bocina dorada que si te acercabas mucho daba la sensación que te podía tragar entera.
La casa tenía suelo de madera, parte de ella entre tabla y tabla comida por el comejen. Cada silencio nuestro traia consigo el crujir de la casa entera.
El ambiente era algo cargado, no se si por lo antiguo que eran los muebles, o por el halo de penumbra que se palpaba en ella. Su olor era una mezcla de olor a viejo con olor a cera para brillar los suelos.
 A medida que observaba el entorno, de vez en cuando mi mirada se topaba con la suya, el levantaba una ceja en señal de juicio y continuaba clavado en su periódico.
En mi mente divagaban varias preguntas ... Porque Rafael viste tan extraño? ... y ese bigote tan largo? No podía entender la naturaleza de ese bigote tan estrafalario. y donde me dejas las gafas redondas ... y lo más importante, porque siempre parecía estar enfadado?.
Con el tiempo me fui acostumbrando a verle, pero un día desapareció sin más. Así como me acostumbre a verle un día también me acostumbré a no verle.
Una tarde nos propusieron a todos los niños crear un cuento. Uno que no fuera parecido a los que solíamos leer con la maestra.
Fue allí la primera vez que empecé a escribir, dejando que mi mente infantil fluyera.
Una semana más tarde había ganado un premio al mejor cuento de la casa  Rafael Pombo.  Era el año 1988 a la edad de 8 años.
Pasado ese año, nos cambiamos de barrio y a la vez de colegio y ya no volví nunca más a aquella casa, pero en mi memoria quedaron grabadas estas pinceladas de una limitada memoria a mi corta edad.
Cuando fui creciendo, estudiando sobre la literatura de mi país en el colegio, descubrí que Rafael no estaba vivo, estaba enterrado bajo tierra desde el 5 de mayo de 1912. Así pues para siempre tendré la incógnita, le vi o solo fue producto de mi imaginación?

Rafael Pombo fue un literato Colombiano. Nacido en Bogotá, el 7 de noviembre de 1833.
Escribió fábulas entre otras la pobre viejecita, el renacuajo paseador y Simon el bobito.

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